2.3.16

Amor entre reinos

¡Hola! Hoy os traigo un texto escrito por mi. Os los traeré más a menudo porque mi profesora de lengua nos hace escribir relatos cortos. Bueno pues eso, que os dejo el texto de...
                “Amor entre reinos”
Erase una vez en un país muy lejano dividido por reinos, cada uno con su pulsera identificativa, estaba Alexia, hija del rey de Aldiria, en sus aposentos –con la mirada fija en el horizonte- pensando qué podría escribirle a su amado Oswaldo; hijo del rey de Medista. Un amor entre reinos no es algo que esté bien visto, es más, todos aquellos que fueron descubiertos manteniendo relaciones estrechas con el pueblo de otros reinos fue enviado directamente a Pandemónium, el reino de los desterrados.
Una blanca paloma se posó sobre el alféizar de la ventana de Alexia. Amarrada a su pata izquierda con un cordel se encontraba una nota que decía:
“Querida Alexia.
Necesito verte ya, hablar contigo únicamente por paloma me está consumiendo. Tengo un plan que te interesará.
                                                                                                                          Oswaldo”
Cuando la chica iba a devolver la paloma a su dueño, encontró otra nota amarrada a su pico:
“He aquí el plan.
Le pediré  a mi siervo y fiel amigo Durin que me dé su pulsera para que puedas entrar en mi reino y vernos por fin.”
Al terminar de leer esta nota sintió como su corazón se inundaba de alegría. Ellos romperían las leyes y saldrían impunes porque son de sangre real y castigarles sería un delito.
Respondió a su amado aceptando el plan y al caer la noche la pulsera, naranja como el fuego, llego a sus manos. Arrancó la pulsera de Aldiria, verde cual hoja, y la sustituyó por la que acababa de llegar a sus manos.
Anduvo toda la noche y, finalmente, llegó a Medista. Allí los soldados de la guardia real inspeccionaron su muñeca para confirmar que es perteneciente a ese reino y la dejaron continuar su camino. Esperándola estaba aquel bello muchacho de ojos azul intenso, cómo un par de océanos embravecidos, y pelo azabache. Nada más mirarlo supo que era él y, olvidando todo protocolo de cómo debe comportarse una dama que se le inculcó de pequeña, corrió hacia él para abrazarlo y nunca más soltarlo. No supo cómo ni cuándo sus labios pintados de color carmesí se unieron con los suyos, pero el caso es que lo hacían y… se sentía bien, y tan bien... Tan bien cómo te hace sentir el olor de un pastel recién salido del horno, tan bien cómo una brisa veraniega en la orilla del mar, simplemente, bien, muy bien, extremadamente bien.
--No digas nada Oswaldo, huyamos, allí donde nunca podrán entrar. Pandemónium, huyamos allí y vivamos libres, sin tener que estar preocupados de si van a descubrir nuestro secreto. Te quiero, vivamos juntos, dónde los más humildes y enamorados están por la misma razón que nosotros.
--Sí Alexia, no necesitamos estas estúpidas leyes que diferencian y limitan relaciones por un simple brazalete.
Se cogieron de la mano y se fugaron de aquel lugar. A medida que se acercaban al hogar de los desterrados el olor a putrefacción aumentaba, pero nada de eso importaba porque, después de un año entero hablando por paloma mensajera, estaban juntos por fin.
Al llegar a aquel sombrío lugar un par de desaliñados guardias les detuvieron e impidieron el paso.
--Por favor, solo queremos vivir aquí en armonía, sin que unas leyes nos digan que no nos podemos querer—Dijo Alexia con melancolía.
--Entonces tendréis que arrancaros esas pulseras, aquí no queremos ver esas… cosas—dijo el guardia más fuerte.
Ellos sin dudar se arrancaron los brazaletes y fueron dirigidos hacia el “Palacio” del rey de aquel lugar.
--¿Quiénes son estos muchachos que han incordiado mi siesta?
--Solamente un par de jóvenes enamorados de distintos reinos que preferimos vivir en el suyo antes que seguir las leyes que implantan nuestros padres…-- Dijo Oswaldo con firmeza.
--¡Sangre real en mi reino! Hay dos cosas que no soporto; que me interrumpan mientras duermo y la realeza, vosotros sois los menos adecuados para vivir en mi reino. Y no hay más que hablar—Sentenció el hombre.
Los soldados que los escoltaron hasta allí, los empujaron hasta la salida del hediondo lugar mientras suplicaban que les dejasen quedarse con las mejillas plagadas de lágrimas.
Estuvieron sentados, apoyados en una roca, durante largo rato mientras lloraban uno en el hombro del otro y pasadas un par de horas cada uno tomó el camino que correspondía para llegar a sus respectivos reinos.
Cuando llegaron, Oswaldo a Medista y Alexia a Aldiria, les esperaban una gran reprimenda de sus padres y, desgraciadamente a la vez que sorprendente, una condena a ser ejecutados delante del pueblo ya que habían cometido 3 delitos graves: Mantener relaciones con alguien de otro reino, deshacerse de las pulseras y salir del reino sin órdenes explícitas del rey.

Y por eso, en el mismo día y a la misma hora, aquel par de enamorados, segundos antes de que la hoja afilada del verdugo impactase en sus cuellos, maldecían entre dientes el día que intercambiaron sus pulseras identificativas.

Espero que os haya gustado. Os prometo que el domingo tendréis reseña *Obvio es la iniciativa XD*. Un abrazo.

4 comentarios:

  1. Querido amigo... Nunca te lo he dicho pero por fin me he decidido... Después de que me hayas leído muchos relatos hechos por ti tengo una duda... Qué tienes en contra de los finales felices???😢😭

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  2. Jajaja, ¡qué bueno el final! Te entran ganas de reírte de ellos en lugar de sentir pena. Muy bueno :)

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  3. Te he nominado a Best Blog, te dejo el link por si quieres pasarte.
    http://confesionesdeunalectoraymas.blogspot.mx/2016/03/best-blog.html

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  4. Hola, formo parte de la iniciativa seamos seguidores, te dejo la entrada a mi blog por aqui, ya te sigo :) http://neverrainsforever91.blogspot.com.es/

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