4.4.16

Música viva.

Comienza en su despertar,
tímido, danzante, sonido eterno
que cual brisa,
oscurece los prados con el suspiro del "Do".

Bailando en salas infinitas,
de pura ternura, las manos,
que acaricias el blanco sobre el negro,
dedos que recorren caminos perdidos.

A través del recuerdo,
el corazón se torna pálido en "Re",
y la mañana se alza dorada,
resplandor lejano y extraño.

Ojos que vuelven al pensamiento,
palomas grises que caen de los cielos,
en tormenta de nieve y sándalo,
sublime pesar de hojas escarchadas.

Verdadero, es posesión de majestad,
elevado al trono, cabellos del "Mi",
resonando entre el mármol y la hierba,
oscuras lágrimas del violín.

Sutiles grises que renacen,
atraviesan lo profundo del amor,
es torrente calmado, que arrastra,
aguas pasadas de cristal y dolor.

Prendido entre los senos de la luna,
cual deseo de pasión, fuego de juguete
se esconde, ascua y ceniza,
los restos de la orgullosa "Fa"

Retornan ya las noches azules,
y el piano, en su cantar,
advierte los silencios del viento,
profundos y destructivos.

El Sol, en su llama, se extingue,
cayendo su cetro en lagos de olvido,
y el arpa de "Sol", gimoteando,
aguarda el retorno del violeta.

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